Lugares de memorias del futuro de la comuna 13: Guadarrama
Este 29 de noviembre AgroArte realizará un evento de siembra y construcción de comunidad en Guadarrama.
En este texto presento varias imágenes (en el carrusel de fotografias) que conviven con el trabajo forense que se está llevando a cabo en La escombrera, en la comuna 13 de Medellín. La primera puntada de este texto tiene que ver con el contexto del barrio Guadarrama. La segunda es sobre el trabajo de AgroArte Colombia y su concepto de memorias del futuro. Y la tercera tiene que ver con la política de lo cotidiano, otro elemento central del trabajo de AgroArte, y la construcción de lo que yo llamo, infraestructuras para el cuidado y la sanación.
Justo en la entrada de la empresa Agregados San Javier, Construcciones el Condor está ubicado el barrio Guadarrama, en la parte alta de la comuna 13 de Medellín. Muchos han escuchado sobre está zona por la televisión, la radio, los periódicos, dado que ahí, a pocos metros, está ubicada la llamada Escombrera, la gran fosa común donde yacen muchas personas desparecidas cómo resultado de la guerra urbana en esta parte de la ciudad.
Desde el poco espacio público para el juego de los niños del barrio Guadarrama, donde hay un pasamanos, unos columpios, y unas mesas y sillas de concreto, se divisa la Escombrara, o el Tiradero, cómo los habitantes del barrio se refieren a ese lugar. Desde aquel pequeño parque se ven las carpas donde se está haciendo el trabajo forense, en la búsqueda e identificación de las personas desaparecidas de la Escombrara.
La entrada al barrio es confusa. Es difícil distinguir la entrada del barrio de la entrada de la empresa Agregados San Javier, Construcciones el Condor. Se entra a Guadarrama por medio de una calle en forma de embudo, trazada por rejas de alambre a ambos lados, una portería a mano derecha, y la presencia de las volquetas que entran y salen de la empresa. Justo después de la entrada de las volquetas, se puede ver el barrio, que se muestra primero en forma del sonido confuso de la música de una barbería a mano derecha y el lavadero de carros y motos a mano izquierda. A unos pocos metros de esto hay un billar, y al lado del billar está el parquecito desde donde se divisa La escombrara.
Los habitantes de este barrio, en su mayoría, llevan con sí experiencias de desplazamiento. Mucho vienen a Medellín de pueblos antioqueños y han tenido que moverse varias veces antes de llegar a Guadarrama. Una de las familias que entrevisté, conformada por dos hermanos y una hermana, me contaron que llegaron a Guadarrama a principios de siglo, y que durante la guerra urbana, por su seguridad, les tocó salir del barrio, desplazados de nuevo cómo resultado de la violencia.
La vida en Guadarrama hoy es muy distinta a cómo era a finales de los 90 y a principio de siglo. El barrio sirvió de bastión de varios grupos armados, de izquierda y de derecha. Los guerreros que vivieron en el barrio utilizaron la violencia, tanto física como simbólica, para ejercer dominio sobre los habitantes. Le hacían guardar armas a las jovencitas, restringían la movilidad de las personas demarcando fronteras de barrio a barrio, hacían muestras violentas de castigo a aquellos que sospecharan de traidores, y les enseñaban juegos terribles a los niños que no vale la pena mencionar. Por su proximidad al “botadero” o La escombrera, las personas que vivieron en Guadarrama a principio de siglo fueron testigo de los horrores de la guerra urbana, y de cómo y dónde se tiraban los cuerpos de personas asesinadas de la comuna 13. El barrio es cómo una terraza desde donde se ha divisado lo que esconden los escombros de “El tiradero”, pero según las personas con las que hablé, los investigadores forenses que están trabajando en La escombrara, no les han consultado nada.
Las historias de niñez que cuentan los jóvenes de Guadarrama son historias de la violencia más brutal, y que, insisto, no vale la pena reproducir. Lo que sí vale la pena contar son las historias que cuentan algunos de los jóvenes del barrio que tienen que ver con el futuro que desde niños han anhelado para su barrio y ciudad.
Yo llegué a Guadarrama por medio de una invitación del fundador y director de AgroArte Colombia. AKA, cómo lo llaman cariñosamente en Medellín, ha venido desarrollando con su equipo de AgroArte un trabajo de construcción de la memoria histórica en Guadarrama con un enfoque de futuro. O sea, para AgroArte el trabajo de construcción de memoria histórica tiene más que ver con el presente y el futuro que con el pasado. Caminando por una de las calles de Guadarrama con AKA, él me dice, mostrándome una pared que van a intervenir con una moral de grafiti, “lo que estamos haciendo acá es identificado y representado las memorias del futuro de la gente de este barrio”.
Las memorias del futuro son aquellas que están preñadas de sueños de transformación, imaginarios radicalmente distintos a las memorias de la guerra. Las memorias del futuro se nutren de la vida cotidiana de los habitantes de Guadarrama que con sus acciones sociales cotidianas sacaron a sus familias y a su barrio adelante, a pesar de la guerra. Cómo se cuentan estas memorias del futuro es clave. O sea, los relatos que se construyen sobre Guadarrama, y sobre otros barrios con historias similares en todo el país, deben ser relatos sanadores. Acá pienso en William Ospina cuando nos dice que las heridas del cuerpo se sanan en cicatrices mientras que las heridas del alma se sanan en relatos. Lo que se dice, cómo se dice, y para qué se dice, es importante cuando se trata de espacios y de personas cuyas vidas han sido heridas por la guerra.
Las memorias del futuro también tienen que ver con la política, sobre todo, con lo que AKA llama, la política de lo cotidiano. Entre muchas prácticas de la política de lo cotidiano está el trabajo de un grupo de artistas de hip hop llamado, Semillas del futuro. Este grupo se conformó hace varios años, y con algunas pausas, han producido música que cuenta los anhelos colectivos e individuales de los habitantes de Guadarrama (ver video: Pasan los años).
Semillas del futuro hace parte de una apuesta de AgroArte que busca canalizar la energía creadora de niños y niñas Medellinenses por medio del arte y la siembra. Para Agroarte cada niño representa una semilla, que después de plantada, va a crecer y hacer su labor ecológica: o sea, crear, nutrir, servir, y reproducir el conocimiento. Un lema de esta apuesta es, “la semilla está, solo queda florecer”. Y si, AgroArte sembró unas semillas hace varios años en Guadarrama, y esas semillas crecieron y hoy tienen familias, cuentan relatos sanadores para su comunidad, y están comprometidos con la creación de las memorias del futuro de su barrio.
El trabajo de AgroArte funciona sobre el eje de la política de lo cotidiano. Entran a los barrios primero a conversar con sus habitantes, a escuchas y comprender sus historias, a contar las historias de AgroArte—las que los conecta con los espacios afectados por la guerra—y a construir confianza con los vecinos por medio de acciones colectivas. En Guadarrama lo están haciendo por medio de la reconstrucción histórica de lo que llaman, La casa oscura, y por medio de la siembra de plantas en los espacios públicos y en algunas casas (ver video sobre investigación: La casa oscura). Cuentan que la Casa oscura ha pasado por varias fases históricas. A principio del siglo pasado fue casa de finca (toda esa zona era un gran feudo), después fue casa de monjas donde se dice que vivó la Madre Laura, y después se convirtió en barricada de distintos grupos armados. Hoy es un inquilinato donde habitan más de 20 familias. Sobre la casa se dicen muchas cosas en el barrio, y hay un consenso sobre las actividades paranormales que la habitan. Reconstruir la historia de esta casa es importante para los habitantes de Guadarrama, y para Katerin Franco, la investigadora de AgroArte que está en frente de dicha investigación, dado que simbólicamente la casa contiene la historia del barrio en todas sus etapas. Es importante mencionar que Katerin Franco está construyendo una investigación de archivo que busca conservar los sitios y lugares de memoria en la comuna 13.
El apunte sobre la siembra. Justo en frente del parquecito de los niños del barrio hay un espacio verde que AgroArte ha ido poblando con plantas. Esto lo han hecho por medio de actividades, sobre todo los fines de semana, donde se reúnen algunos habitantes mayores del barrio, los niños y niñas, y algunos integrantes y colaboradores de AgroArte. Si hay algo que produce la violencia es la alienación de las personas con la vida comunitaria, y en Guadarrama sí que es visible esto. Los vecinos pocas veces se reunión a hacer actividades para el barrio. Entonces por medio de la siembra, poco a poco, el trabajo de AgroArte va elaborando espacios para la construcción de una vida comunitario más fuerte. Además de esto, la siembra embellece espacios abandonados, y desplaza actividades indeseables, cómo la acumulación de plásticos y otros artículos tóxicos en algunas zonas del barrio.
Construir después de la guerra es muy difícil. Guadarrama, así como muchos otros barrios en Colombia, lo está haciendo con mucho esfuerzo. Los esfuerzos de los gobiernos y de la política pública son importantes, tales como la inversión en las zonas afectadas por la guerra, el proceso jurídico que hoy se lleva a cabo en La escombrera, los espacios para la discusión pública sobre la memoria histórica, pero a esto hay que agregarle el trabajo cotidiano y silencioso de organizaciones cómo AgroArte y los habitantes de los barrios cómo Guadarrama. Si bien el estado construye unas infraestructuras para reconstruir después de la guerra—calles, edificios, metro cables, escaleras eléctricas, alumbrados—la gente en su cotidianidad, por medios de su trabajo silencioso también construye infraestructuras de cuidado, de sanación, de memoria colectiva, que permite que las ciudades salgan adelante después de los desastres de la guerra. Estas infraestructuras del cuidado y la sanación sostienen la vida de muchas de las víctimas del conflicto urbano en Colombia. Este 29 de noviembre se realizará un evento en Guadarrama donde AgroArte reunirá a la comunidad para hacer una serie de actividades pedagógicas y de embellecimiento del espacio para celebrar el trabajo de reconstrucción de memoria histórica que se ha hecho en el barrio, y para seguir construyendo, desde lo cotidiano, infraestructuras de cuidado y sanación.
*todas las fotografías son de mi autoría.
